Tandil, Argentina, agosto 2006
 Regalos lingüísticos

       Actualizado el 27 de julio de 2009               

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Mi madre i yo en Buenos Aires 1956

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Siempre el fútbol, Buenos Aires, 1973 a las 6 de la mañana y siempre sin dormir...

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Una de las novias del ayer, la tercera... en 1971. La primera Silvia Márquez (1968), la segunda Alicia Aibar 1969)

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Otra de mis mujeres del ayer, de las últimas en serio... 2001

Adiós Argentina, 17 oct 1976
Adiós país, 17 oct 1976

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Aquí comencé el nuevo milenio, en la República Dominicana. (1 enero 2000)

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Darío O'Donnell

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Yo, mayo 2007
Estocolmo, Suecia, Mayo 2007

"...y sentí Buenos Aires.
Esta ciudad que yo creí mi pasado
es mi porvenir, mi presente; los años que he vivido en Europa son ilusorios,
yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires."
Fragmento de "Arrabal" de Jorge Luis Borges (1899–1986)

"...Ingrato, ingrato si el recuerdo suyo
   Arranco al corazón,
Si yendo en pos del oropel mundano,
El hombre olvida lo que el niño amó!"
Fragmento de "A mis hermanas" de Rafael Obligado (1851–1920)


 

 

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CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA
De Rubén Darío (1867 -1916)

Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y las demas! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazon.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardin...

Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Mas es mia el Alba de oro!

Regalos lingüísticos:

"Las tumbas húmedas" de puño y letra del padre de la abuela Lala, mi bisabuelo Norberto Isidoro de la Sota, quien escribió esto para Lala, el 21 de diciembre de 1917:

Poesía que el padre la Lala escribió para su hija
Al ocultarse el sol tras las montañas,
me dirijí ayer tarde al triste sitio
donde al final concluyen las locas vanidades.
Mirando los altísimos cipreses
y los llorosos sauces,
la fosa común y el mausoleo de cincelado jasfre,
sentí en lo mas profundo de mi alma
dolor inexplicable
al ver, que hasta en la casa de los muertos,
existen los contrastes!

Otra cosa observaba al poco rato
con extrañeza grande!:
mientras unas tumbas estaban secas,
otras húmedas se hallaban.

Decidme, pregunté al sepulturero,
¿cómo puede explicarse,
que mientras unas tumbas están secas
otras húmedas se hallen?
y el viejo guardador de los sepulcros
repuso con voz grave:
los que reposan en las tumbas secas
Señor, no tienen madre!!-

Las dos grandezas
De Ramón de Campoamor (1817-1901)

Diógenes de Sínope fue el filósofo griego más famoso de la secta cínica. Vivió en el siglo IV antes de Cristo. Fue una figura muy interesante y controvertida. Vivía como un mendigo, tenía unas necesidades mínimas, era sincero con los poderosos hasta la impertinencia. Se le atribuyen muchas anécdotas, recogidas en diferentes fuentes, muy especialmente en la obra Vidas de filósofos ilustres, escrita por su tocayo Diógenes Laercio en el siglo III d.C.

La anécdota más curiosa y famosa de entre las atribuidas al filósofo se refiere a su encuentro con el emperador Alejandro Magno. Se cuenta que, estando Diógenes en Corinto, dormía en un tonel o tinaja. Una vez llegó a la ciudad Alejandro, con su aparatoso ejército. Toda la población de Corinto fue a recibir al emperador, pero Diógenes era absolutamente indiferente al boato del rey, y se quedó sesteando ante su tonel. Entonces fue el propio Alejandro Magno quien, conocedor de la fama del filósofo, buscó a Diógenes. Le ofreció obsequiarle con los dones que el filósofo le solicitara. Pero Diógenes sólo le pidió una cosa: que el emperador se apartara, para que no le tapara el sol. El episodio es narrado o aludido en numerosas fuentes antiguas grecolatinas, incluyendo a Cicerón (Tusculanae Disputationes 5.32), Valerio Máximo (4.3.ext.4) y Plutarco (Vida de Alejandro 14). He aquí el relato más completo de los tres, el de Plutarco, en traducción castellana:

"Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombrándole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los filósofos que le visitaban y le daban el parabién, esperaba que haría otro tanto Diógenes el de Sínope, que residía en Corinto. Mas éste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el barrio llamado Craneto; y así hubo de pasar Alejandro a verle. Hallábase casualmente tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro. Saludóle éste, y preguntándole enseguida si se le ofrecía alguna cosa, "muy poco —le respondió—; que te quites del sol". Dícese que Alejandro con aquella especie de menosprecio quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que, cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: "Pues yo a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes"."

Las dos grandezas

Uno altivo, otro sin ley,
así dos hablando están.
–Yo soy Alejandro el rey.
–Y yo Diógenes el can.

–Vengo a hacerte más honrada
tu vida de caracol.
¿Qué quieres de mí? – Yo, nada;
que no me quites el sol.

–Mi poder... –Es asombroso,
pero a mí nada me asombra.
–Yo puedo hacerte dichoso.
–Lo sé, no haciéndome sombra

–Tendrás riquezas sin tasa,
un palacio y un dosel.
–¿Y para qué quiero casa
más grande que este tonel?

– Mantos reales gastarás
de oro y seda. –¡Nada, nada!
¿No ves que me abriga más
esta capa remendada?

–Ricos manjares devoro.
–Yo con pan duro me allano.
–Bebo el Chipre en copas de oro.
–Yo bebo el agua en la mano.

–¿Mandaré cuanto tú mandes?
–¡Vanidad de cosas vanas!
¿Y a unas miserias tan grandes
las llamáis dichas humanas?

– Mi poder a cuantos gimen,
va con gloria a socorrer.
–¡La gloria! capa del crimen;
crimen sin capa ¡el poder!

– Toda la tierra, iracundo,
tengo postrada ante mí.
–¿Y eres el dueño del mundo,
no siendo dueño de ti?

– Yo sé que, del orbe dueño,
seré del mundo el dichoso.
– Yo sé que tu último sueño
será tu primer reposo.

–Yo impongo a mi arbitrio leyes.
–¿Tanto de injusto blasonas?
–Llevo vencidos cien reyes.
–¡Buen bandido de coronas!

–Vivir podré aborrecido,
mas no moriré olvidado.
–Viviré desconocido,
mas nunca moriré odiado.

–¡Adiós! pues romper no puedo
de tu cinismo el crisol.
–¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo,
pues no me quitas el sol!–

Y al partir, con mutuo agravio,
uno altivo, otro implacable,
–¡Miserable! dice el sabio;
y el rey dice: –¡Miserable!

 

Frases de Jorge Luis Borges:

Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.

Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.


Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.


Antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo.


He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz.


La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.


La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.


Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.


He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola.


La duda es uno de los nombres de la inteligencia.


Para el argentino, la amistad es una pasión y la policía una mafia.

Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy.


Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?

Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece.


Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.


Siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso.


Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón.


Estoy solo y no hay nadie en el espejo.


¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.


El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.


Yo creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos.

Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.


Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara.


No eres ambicioso: te contentas con ser feliz.


El tiempo es la materia de la que he sido creado.

Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente.


La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.

No he cultivado mi fama, que será efímera.


Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído.


Otros autores:
Siempre habrá esquimales que confeccionen para los habitantes del Congo reglas de comportamiento en las épocas de grandes calores.

La envidia es una declaración de inferioridad. (Napoleón)

Los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta la juventud de la edad madura. (Victor Hugo)

Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara (Ximena Allende)

La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu. (Mateo Alemán)

La vida se termina, el trabajo no. (Mtanos Daou Aboanta)

Desgraciada la generación, cuyos jueces merecen ser juzgados. (Tato Bores)

Una vida es una obra de teatro que no permite ensayos... Por eso, cante, ría, baile, ame y viva intensamente cada momento de su vida...  antes de que el telón baje y la obra termine sin aplausos (Charles Chaplin) 

Si viviste los 80 y te los acuerdas, es que no los viviste. (Joaquin Sabina)

No es el seguro final de nuestras vidas lo que debe asustarnos, sino el nunca haberlas comenzado. (no se quien lo dijo)

Uno es dueño de las palabras que calla y esclavo de las que pronuncia (escuchado en Radio Mitre de Buenos Aires)

No hay mujeres imposilbes, solamente hombres impacientes. (Radio Megapol de Estocolmo)

«Seamos realistas, pidamos lo imposible» o «Bajo los adoquines, la playa» (Eslóganes de "Mayo del 68 en París, La Primavera del 68, El Mayo Francés", que han pasado a la historia)

«Ustedes llevan la imaginación al poder». (La consigna que Jean Paul Sartre dio a los estudiantes en la Revuelta de París en Mayo del 68, ha pasado a la historia)

El talento no tiene ningún mérito, no se aprende en la escuela, se nace con él.

El fútbol es la más importante de las cosas sin importancia. (Juan Pablo II)

El éxito no es la llave de la felicidad, sino que la felicidad es la llave del éxito. Si amas lo que haces tendrás éxito. (Sacado de una propaganda de mail basura)

Toma una idea en la que creas. Hazla la idea de tu vida. Piénsala, suéñala y vive con y para esa idea. Permite que tu cerebro, tus músculos, tus nervios, se llenen de esa idea y simplemente no pienses en otra cosa. Ese es el camino, esa es la forma en que los gigantes del espíritu se han producido. (Sacado de una propaganda de mail basura)

Hay llevarse el alcohol cuando la fiesta todavía no ha acabado. (William McChesney Martin)

“I'll recruit an army of new teachers, and pay them higher salaries and give them more support. And in exchange, I'll ask for higher standards and more accountability.” Så sa Barack Obama i sitt tal på demokraternas konvent i augusti. Nu blir han president och förväntningarna från lärarna i USA är minst sagt höga.

Un hombre no es hombre, mientras no escuche su nombre de labios de una mujer (Radio Mitre)

La ley es un arma de doble filo, solo hay que saber usarla. (Al Capone)

El matrimonio es cambiar la admiración de muchas mujeres por las críticas de una. (de canal 26, Argentina)

 

 

¿Flores a mi?
De Almafuerte 1854-1917

I
Ayer me diste una flor,
una flor a mí, señora,
que no consagré una hora
ni al más poderoso amor.
¿Flores a mí? ¡si es mejor!,
en un páramo arrojarlas,
o tú no sabes amarlas,
o al sentir mi pecho yerto,
sobre la tumba de un muerto,
has querido abandonarlas.

II
¿Flores a mí? ¿tú no sabes
de esos parajes que aterran,
donde las flores se cierran,
dónde no cantan las aves?
Las más orgullosas naves
temen del mar los furores,
los tigres devoradores
huyen del simún airado
¡y tú en mi pecho has dejado
tan sin recelo tus flores!

III
¡Flores a mi! puede ser
que desalmada y celosa,
buscaras la más hermosa
con tu instinto de mujer;
Y haciéndole comprender
yo no sé qué gentileza,
con refinada fiereza,
con el más profundo encono,
la bajaste de su trono
por castigar su belleza.

IV
No lo sé, linda mujer,
ni quiero saberlo todo;
me contento con mi modo
de saber y no saber.
Pero si quieres tener
la realidad en tu mano,
te diré, sin ser un vano,
que si te movió el amor
¡la flor ha sido una flor
que fue destronada en vano!

 

¡AVANTI !
De Almafuerte 1854-1917

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas;
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.
Obcecación asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que no mellan los garfios de la suerte ...
¡ Todos los incurables tienen cura
cinco minutos antes de su muerte !

¡ PIU AVANTI !

No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza !

¡ MOLTO PIU AVANTI !

Los que viertan sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;
los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos, sobrantes.
¡Ah! Nunca quieras remediar entuertos;
nunca sigas impulsos compasivos;
ten los garfios del Odio siempre activos
y los ojos del juez siempre despiertos...
y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos !

¡ MOLTO PIU AVANTI ANCORA !

Esta vida mendaz es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser tras el tocado:
No digas tu verdad ni al más amado,
no demuestres temor ni al más temido,
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.
Mira cómo la nieve se deslice
sin una queja de su labio yerto,
cómo ansía las nubes del desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe:
Maldice de los hombres, pero ríe;
vive la vida plena, pero muerto.

¡ MOLTISIMO PIU AVANTI ANCORA !

Si en vez de las estúpidas panteras
y los férreos, estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en la frágil cárcel de las fieras:
No habrían de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones,
lo mismo que dos plácidas horteras;
Cual Napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su jaula,
buscando las rendijas, no las llaves...
Seas el que tú seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula !

¡ VERA VIOLETA !

En pos de su nivel se lanza el río
por el gran desnivel de los breñales;
el aire es vendaval, y hay vendavales
por la ley del no fin, del no vacío;
la más hermosa espiga del estío
ni sueña con el pan en los trigales;
el más dulce panal de los panales
no declaró jamás: yo no soy mío;
y el sol, el padre sol, es raudo foco
que fomenta la vida en la Natura,
por calentar los polos no se apura,
ni se desvía un ápice tampoco:
¡ Todo lo alcanzarás, solemne loco...
siempre que lo permita tu estatura !

LA YAPA

Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el Océano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:
tu gimnasia de jaula no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.
Qué saben de lo eterno las esferas ?
de las borrascas de la mar, las gotas ?
de puñetazos, las falanges rotas ?
de harina y pan, las pajas de las eras ?...
¡ Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiotas !

 

LOS MOTIVOS DEL LOBO
De Rubén Darío (1867 -1916)

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertos y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: "¡Paz, hermano
lobo!" El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: "!Está bien, hermano Francisco!"
"¡Cómo! exclamó el santo. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangare que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?"

Y el gran lobo, humilde: "¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!"

Francisco responde: "En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"

"Esta bien, hermano Francisco de AsIs."
"Ante el Señor, que toda ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata."
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, bajo la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: "He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios." "¡Así sea!",
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió la testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto en los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dió treguas a su furor jamás,
como si estuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos los buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fué a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.

"En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote dijo, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho."

Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:

"Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.

Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fué como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad."

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: "Padre nuestro, que estás en los cielos..."

 

LO FATAL
De Rubén Darío (1867 -1916)


Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, 
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos, 
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, 
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!

Los cisnes

LOS CISNES
De Rubén Darío
(1867 -1916)

A Juan Ramón Jiménez

¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?

Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.

A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez....

Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas obscuras.

Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.

Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni han Alfonsos ni Nuños.

Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.

La América Española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.

¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?

He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros,
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...

...Y un Cisne negro dijo: "La noche anuncia el día".
Y uno blanco: "¡La aurora es inmortal, la aurora
es inmortal !" ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aun guarda la Esperanza la caja de Pandora!

 

A ROOSEVELT
De Rubén Darío
(1867 -1916)


Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría de llegar hasta ti, Cazador,
primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Wáshington y cuatro de Nemrod. 
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena, 
que aún reza a Jesucristo y aún habla español.

Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de Energía 
como dicen los locos de hoy.)

Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción,
que en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.

Los Estados Unidos son potentes y grandes. 
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor 
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant lo dijo: Las estrellas son vuestras. 
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva-York.

Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida 
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América 
que tiembla de huracanes y que vive de amor, 
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol. 
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

 

CAUPOLICÁN
De Rubén Darío (1867 -1916)

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de arbol al hombro de un campeon
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
bandiera el brazo de Hercules, o el brazo de Sanson.

Por casco sus cabellos, por pecho su coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la region,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjaretar un toro, o estrangular un leon.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del dia,
le vio la tarde palida, le vio la noche fria,
y siempre el tronco de arbol a cuestas del titan.

"!El Toqui, el Toqui!" clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: 'Basta",
e irguiose la alta frente del gran Caupolican.

(1888)

 

Rafael Obligado nació en Buenos Aires el 27 de Enero de 1851. Pasó la mayor parte de su infancia  y de su adolescencia en una posesión de sus padres a orillas del Paraná, en la Vuelta de Obligado. Se dedicó al estudio de las letras en sus modelos clásicos, de la antigüedad y españoles, y logró un estilo diferente a la sobria y limpia expresión de sus poetas contemporáneos. En 1889, realizó una gira por las provincias del interior, donde recogió elementos para algunas de sus “leyendas”. Pocos años después, figuró en el grupo fundador de la Facultad de Filosofía y Letras, en cuya dirección colaboró hasta su muerte. Falleció en Mendoza el 8 de marzo de 1920 y fueron trasladados sus restos a la capital. La  Facultad de Filosofía y Letras le había conferido, en 1909, el título de Doctor Honosi Causa, y era desde 1889 miembro correspondiente de la Academia Española. (Colaboración de Norberto Rosalez, 071204, ciudad de Rosario; ¡gracias Norberto!)

EL HOGAR PATERNO
A mis hermanas
de Rafael Obligado (1851-1920)

¡Oh mis islas amadas, dulce asilo
                      De mi primera edad!
¡Añosos algarrobos, viejos talas
Donde el boyero me enseñó a cantar!

¿Por qué os dejé, para encerrar mi vida
                      En la estrecha ciudad;
Para arrojar mi corazón de niño
De las pasiones en el turbio mar?...

Como un cisne posado en las riberas
                      Del ancho Paraná,
Así blanco y risueño, se divisa
A la distancia mi paterno hogar.

En los vastos y abiertos corredores
                      Que grata sombra dan;
En el cuadro de antiguos paraísos
Que, destrozados, no florecen ya;

En la hondonada que perfuma el molle
                      Y engalana el chañar;
En el arroyo que las toscas baña;
En ese campo que se extiendo allá…

Allí está mi pasado, de mi vida
                      La inocencia y la paz;
Allí mi madre me acaricia, niño,
Y mis hermanos en rededor están.

No bien despunta el sol en el oriente,
                      Tierno beso nos da;
De rodillas, oramos; y, en seguida,
Puerta Franca…¡la luz, la libertad!

Como bandada de enjaulados pájaros,
                      Por aquí, por allá,
Al campo el uno, a la barranca el otro,
Nos echábamos todos a volar.

-“Cuidado con los nidos”, nos decía
                      Mi madre, en el umbral;
Pero digan horneros y zorzales
Si les valió la materna piedad.

Lejos ya de su vista, a un algarrobo
                      Trepaba el más audaz,
Y con los ojos de mil ansias llenos,
Esperaban en grupos los demás.

En el horno de barro, construido
                      Para vivir y amar,
Introducía sus rosados dedos
El pequeño aprendiz de gavilán;

Y, del pico o el ala destrozada,
                      ¡Nunca vista crueldad!
Asiendo los polluelos, uno a uno
Los arrojaba con desden triunfal.

Y era entonces de ver el alboroto
                      Y el bullicioso afán
De aquel enjambre de inocentes niños
Que así destruía un inocente hogar.

Otras veces, del río en la corriente,
                      Al cárdeno fulgor
Que desde el fondo de la Pampa envía,
En sesgo rayo, el moribundo sol;

En agitados, en revoltoso grupo
                      Y alegre confusión,
Los juncales rozando de la orilla,
Con mis hermanas navegaba yo.

 Una, los brazos en el agua hundiendo,
                      Tendíase a estribor,
Y sonreía a la rizada espuma
Que la canoa abandonaba en pos.
Otra, imprudente, a la inclinada borda
                      Lanzándose veloz,
Entre sus manos victoriosas alzaba
Del camalote la celeste flor.

Esta la caña de pescar volvía,
                      Enviando en rededor
Menudas gotas que al caer brillaban
En los cabellos de las otras dos.

Batiendo luego las rosadas palmas,
                      Reía, porque vio
Medrosa hundirse en la corriente un ave,
Al desusado y repentino son.

Pero si alguna, al levantar los ojos,
                      Mostraba el mirador
Donde mi madre a vigilarnos iba,
Gritaban todas a la vez “¡adiós!”

¡Oh dulces años! Por entonces era
                      Nuestro goce mayor,
Hurtar las flores que en las islas se abren,
Y de sus aves escuchar la voz.

Las pasionarias, las achiras de oro
                      Y el seibo punzó,
Eran ofrendas que mi madre amaba
Porque a sus hijos se las daba Dios.

¡Ingrato, ingrato si el recuerdo suyo
                      Arranco al corazón,
Si yendo en pos del oropel mundano,
El hombre olvida lo que el niño amó!

                      Vuelta de Obligado, 1882.


ULPIDIO VEGA

De Fontanarrosa, enviado por Stella Mancuso en el "día del amigo", 20 de julio de 2008

Ulpidio Vega, te nombro. Y de la apagada sombra de tu nombre rescato tu paso tardo por el empedrado desprolijo de Saladillo y la cierta fama de guapo sin doblez que te persiguió sumisa, como la silenciosa y tenaz fidelidad de un perro.

Quien te vio alguna vez por el Bajo, no te olvida. De callada mesura, sombrío el porte, mezquinabas palabras como si fueran monedas caras. Negros los ojos, en la negrura misma que sobre la frente escasa te tiraba encima el ala apenas curva de tu sombrero gris, tan conocido.

Ulpidio Vega, te nombro. Y de tu nombre exhala un aliento a kerosén barato, a bizcochito, a queso de rallar y vino tinto.

Aroma de almacén, de cambalache, que tuvo tu pobre viejo laburante por calle San Martín, casi en Tablada. Aroma a jabón pinche, a mate amargo, el mismo aquél que te alcanzaba la mano cordial de doña Cata, tu pobre vieja, que se cansó de mirar por la ventana.

Ulpidio Vega, te nombro. Y se santiguan las cuatro esquinas bravas de Ayolas y Convención, las que salieron tantas veces escrachadas en letra de molde cuando algún fiambre aparecía tirado en esa encrucijada.

Rezan de apuro las jovatas de memoria larga al recordar tu estampa de figura fina, el caminar pesado, un gesto de disgusto en la cara aindiada y el cuerpo erguido por la faca que atrás, en la cintura, te entablillaba.

Por trabajar en el Swift te habían llamado "El Matarife de Saladillo".
¡Qué te iba a impresionar a vos la sangre, Ulpidio Vega! Si día a día degollabas animales y la cuchilla te era tan natural como un anillo, como un zarzo sencillo en el meñique.


Pero eran dos los Vega, Juan y Ulpidio. "El Vega chico" le decían al otro que también trabajó en el frigorífico. Y por si fuera escaso el desmesurado coraje de Ulpidio en la pelea, el "Vega Chico" era también de púa veloz, y sin entrañas. De negro los dos, siempre, aun de mañana.

Pero, como suele suceder en estas cosas, Ulpidio se metió con una mina que se levantó una noche de Carnaval en el Club Atlético Olegario Víctor Andrade. La mina era una reventada que hacía copas en el Panamerican Dancing, frente a Sunchales, y que ya le había borrado el estampadito floreado a las sábanas del Amenábar, de tanto frote. Pero una hembra que pasaba y dejaba el aire como embalsamado de perfume dulzón, y enardecido. Rosa se llamaba, y era justicia.

Ulpidio Vega, te nombro. Y no me equivoco. Como se equivocó esa noche fatal la mina aquella cuando por llamarte "Ulpidio", "Juan" te dijo. ¡Qué oscura mano de destino cabrón los puso frente a frente, Ulpidio Vega! ¡Vos y tu hermano, inseparables siempre, enfrentados por el cariño falaz de una perdida!

Tiempo estuvieron mordiéndose las ganas de agarrarse. De mirarse profundo, y sin palabras. De medirse con odio. Y de no hablarse. Todo el barrio sabía del bolonqui que rechinaba en los dientes de los Vega. Pero cuando más de una vez saltó la bronca, y la faca apareció brillando en ambas diestras, algo los amuraba al suelo y les clavaba la bronca a la vereda. Algo, que allá en la casa, desde chicos les acariciara la frente, les planchara los lompa y les dejara los botines bien brillosos cuando se iban de milonga a Central Córdoba. Algo. La vieja.

"Si no te mato" se lo dijo bien clarito Ulpidio a Juan "sólo es por ella". "Si no te enfrío" le contestaba Juan, que no era lerdo "es por la vieja".

Y así andaban los dos, encajetados, sin poder ni dormir, más que hechos bolsa. Y encima la reventada de la Rosa les metía la cizaña de su labia, de sus promesas vanas, de sus mañas.

Y no se pudo más. Aquella noche Ulpidio y Juan llegaron puntualmente hasta el campito. Era un potrero de pura tierra y matorrales que los mocosos usaban para jugar al fulbo. Pero esa noche había luna. Y no era juego. Ulpidio peló una faca que tenía este largo. ¡Uy Dio, cómo brillaba la plata de la luna sobre el filo helado del acero! Y Juan, Juan peló también tremenda púa que de verla nomás, te entraba miedo.

"¡Venite!" "¡Vení vos!" se supo después que se dijeron. Y fue cuando llegó doña Cata hasta el campito, de pálido rostro, ojos sufridos, de manos apretadas y pañuelo negro. Nunca se supo quién le pasó el dato. Tal vez, fue esa mágica intuición de madre la que la llevó hasta allí en ese momento.

No se oyó de su boca, una palabra. Y tampoco en sus ojos lágrimas se vieron. Pero eso sí, sus manos agrietadas de lavar ropa ajena en el invierno, dibujaron en el aire asustado de la noche, un gesto: se agachó, se sacó una zapatilla y lo demás, frate mío, ni te cuento.

A Juancito lo fajó hasta en el cogote, le deformó la sabiola a chancletazos, y le sacudió tantos palos por el lomo que lo dejó mormoso al pobrecito. Contaban los vecinos que lo oyeron, que tirado en el suelo, Juan rogaba y a la vieja pedía perdón a gritos. A Ulpidio, de las crenchas lo cazó la vieja aquella, y le arruinó la jeta a chancletazos porque le pegó media hora, de corrido.

 

LA FABULA DEL PELOTUDO:

Se cuenta que en una ciudad del interior de Argentina, un grupo de personas se divertían con el pelotudo del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas.

Diariamente, algunos hombres llamaban al pelotudo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de tamaño menor, pero de 1 peso. Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
- Lo sé, no soy tan pelotudo..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece pelotudo, no siempre lo es..
La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pelotudos de la historia?
La tercera: Una ambición desmedida puede acabar
cortando tu fuente de ingresos
La cuarta: (pero la conclusión más interesante)
Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una
buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Moraleja: "El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pelotudo delante de un pelotudo que aparenta ser inteligente".

 

DOS MANERAS:

Mi mujer y yo estábamos sentados a la mesa en la reunión de mis excompañeros de universidad. Yo contemplaba a una mujer sentada en una mesa vecina, totalmente borracha que se mecía con su bebida en la mano. Mi mujer me preguntó:
- ¿La conoces?
- Sí -suspiré-, es mi ex-novia. Supe que se dió a la bebida cuando nos separamos hace algunos años y me dijeron que nunca más estuvo sobria.
- ¡Dios mío! - exclamó mi mujer ¡Quién diría que una persona puede celebrar algo durante tanto tiempo!

Moraleja:
¡Siempre hay dos maneras de ver las cosas!

 

 

 

Mundial 2002. Suecia nos elimina
¿Cómo ganar un mundial con estos jugadores? Suecia terminaría eliminándonos en el 2002.


 

 

Martín Fierro de José Hernández (1834-1886)

El Santos Vega de Rafael Obligado (1851-1920)

Tato Bores (tan actual ayer como hoy)

Refranes de mi abuela

Chistes de Jaimito


Amanda, mi madre, nacida el 1 de noviembre de 1926.
Mi querida mamá Amanda

Christian se va a estudiar a Durham en Inglaterra. Octubre 1998, solo 16 años
En octubre de 1998, Christian, con 16 años, se va a vivir a Inglaterra para estudiar ingeniería. Cuatro años mas tarde se recibió con 10 de promedio. (Foto oct 98)

Lena con Chirstian, mayo 2005
Christian, ingeniero y economista. Dos masters a los 23 años! Aquí con Lena, mayo 2005.

Christan viaja a Inglaterra, octubre 2000
Christian viaja a Inglaterra, octubre 2002


Adios a la maestra
De Almafuerte 1854-1917

Obrera sublime,
bendita señora:
la tarde ha llegado
también para vos.
¡La tarde, que dice:
descanso!…la hora
de dar a los niños
el último adiós.
Mas no desespere
la santa maestra:
no todo en el mundo
del todo se va;
usted será siempre
la brújula nuestra,
¡la sola querida
segunda mamá!
Pasando los meses,
pasando los años,
seremos adultos,
geniales tal vez…
¡mas nunca los hechos
más grandes o extraños
desfloran del todo
la eterna niñez!
En medio a los rostros
que amante conserva
la noble, la pura
memoria filial,
cual una solemne
visión de Minerva,
su imagen, señora,
tendrá su sitial.
Y allí donde quiera
la ley del ambiente
nimbar nuestras vidas,
clavar nuestra cruz,
la escuela ha de alzarse
fantásticamente,
cual una suntuosa
gran torre de luz.
¡No gima, no llore
la santa maestra:
no todo en el mundo
del todo se va;
usted será siempre
la brújula nuestra,
¡la sola querida
segunda mamá!

 

LA CALUMNIA
De Rubén Darío (1867 -1916)

Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor obscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por mas que lo manche el cieno.